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Nota: este artículo refleja opiniones personales que en ningún casi sustituyen los consejos profesionales del equipo de salud ni pretenden juzgar la toma de decisiones distintas, solo recojo en el mismo las vivencias de mi embarazo y algunas reflexiones que me pareció útil compartir. 

Nunca habíamos intentado ser padres hasta diciembre de 2018. Llegamos a España en 2012 y tras encontrar cierta estabilidad nos dedicamos a viajar cuando podíamos ya que era algo que siempre quisimos hacer y que en Venezuela resultaba muy complicado. Cada año nos planificábamos para hacer al menos un viaje y nuestra familia nos decía que “¿para cuando los nietos?” Y nosotros solíamos responder “tal vez el próximo año” y creo que así estuvimos como 5 años, de hecho me robaba una expresión que he escuchado en España y me parecía encajar perfecto en lo que queríamos decir y era el “ya si eso” que vendría a ser un “ya veremos después”…Primero viajaremos a x lugar y ya si eso luego dejaremos la vía libre para que llegue lo que tenga que llegar.

Tras el paso del tiempo y acercándome ya a los 35 años trazamos un “plan” (lo digo así porque entiendo lo absurdo de intentar tener algo de control sobre estas cosas, pero creo que será como un mecanismo de defensa el intentar anticiparse) en el que dejaríamos las cosas fluir: si llegaba un peque, la familia crecería y, si no, seguiríamos como hasta el momento, sin que ello nos quitase el sueño porque nos sentíamos felices con nuestras vidas igualmente, no había un vacío que llenar (escribo sobre mi caso particular sin juzgar ni por un momento a quienes lo viven distinto). Creo que se tiende a romantizar todo mucho, incluido el embarazo y la maternidad y, aunque puede ser muy bonito, no siento que para mí sea enteramente bonito todo el tiempo a pesar de que Olivia nos hace increíblemente felices pero pienso que si no hubiera podido ser, habríamos encontrado la forma de ser felices igualmente porque ya lo eramos, aunque ella viniese a intensificar ese sentimiento.

Pues volviendo al plan, en diciembre acordamos dejarnos llevar y en enero estaba embarazada, allí la Primera Lección: Olivia nos estaba esperando para tomar ella el control (a ver cómo nos lo repartimos luego…). 

Aún sin saber esto, seguí haciendo mil planes para 2019 y con la vista puesta en los proyectos de trabajo…semanas más tarde empecé a lidiar con mucho cansancio (tenía muchísimo sueño en el embarazo) y me empecé a agobiar por no poder llevar mis tareas al día. Segunda Lección: priorizar y fluir, se llega hasta donde se puede y poco a poco…esto aún lo estoy trabajando.

Por esos días ya comencé a sospechar del embarazo aunque me pareciera muy pronto, pero en breve recibiríamos la confirmación y comenzaríamos a vivirlo.

EL EMBARAZO

Ya se empezaba a notar…

He escuchado historias de amigas a las que les ha encantado el embarazo, de mujeres que dicen que es cuando mejor se han sentido o más bellas o así, no es mi caso, yo me sentía muy rara y no me había acostumbrado a un nuevo síntoma cuando ya estaba apareciendo otro, y eso que mi embarazo fue muy bueno y la primera vez que vomité fue en el parto.

Siento que es brutal para el cuerpo pasar por tantos cambios en tan corto tiempo a la vez que me maravilla la capacidad que tiene para crear y mantener la vida. 

Como les cuento, mi embarazo fue bastante bien, no tuve síntomas muy marcados más allá de mucho sueño y algunos otros síntomas que me resultaron curiosos porque no me los habían contado (que yo recuerde). Siempre vemos en las series o películas a gente embarazada con vómitos o antojos, pero no sabía que también:

  • Puedes tener sensación de falta de aire: algunos días no podía comerme una fruta y caminar a la vez (cosa que antes sí) porque sentía que me quedaba sin aire. O incluso hablar por teléfono y caminar…
  • Te puede molestar un poco el vientre en ocasiones.
  • Puedes empezar a notar el aumento del pecho desde el segundo trimestre y ya no podrás utilizar tus sostenes/sujetadores.
  • Si, como a mi, te pilla un resfriado y no has trabajado bien tu suelo pélvico antes, puedes tener pequeñas pérdidas de orina para lo que habría que prepararse mejor para esta etapa (he aprendido bastantes datos interesantes al respecto leyendo a Laura de @ensuelofirme).

Y seguro se me escapa algún otro síntoma que me hizo pensar como “ajá, esto no me lo habían contado” pero en general fue todo muy llevadero y como hasta ahora, Olivia me lo puso muy muy fácil, además de que al verla pudimos comprobar que es un mito el que “los niños con mucho pelo causan acidez” porque si bien tuve algunos días con esta molestia, no era persistente y Olivia tenía una cabellera que bien tendría que haber estado muriendo de la acidez pero no fue el caso.

ANTOJOS Y GANANCIA DE PESO

Siendo nutricionista, recuerdo estar atenta a alimentarme bien y ofrecer a Olivia lo mejor desde el comienzo porque soy consciente de la importancia de todo ello, pero también sentí los mencionados antojos (aunque no mucho más que en cualquier otro momento porque yo soy bastante “antojosa”):

  • Las papas/patatas fueron de los primeros antojos que tuve y en general siempre sentí que el cuerpo me pedía carbohidratos. Quería patatas fritas en todas las comidas, pese a que negocié conmigo misma el comerlas solo ocasionalmente.
  • El día que vi esta receta de mi compi Silvia Romero se me antojaron mucho las coles de bruselas (que no me gustaron hasta la vida adulta), así que preparé una bolsa entera, comí muchas y ya no quise más en todo el embarazo XD (ya las como de nuevo y están buenísimas).
  • La piña, especialmente en el segundo-tercer trimestre, me podía comer media piña para merendar y esto sí que lo hice muchos días sin necesidad de negociar.
  • Dulces, también en el segundo-tercer trimestre y aquí volvía a ser importante negociar porque en general me gustan mucho los sabores dulces (por eso amo el plátano/plátano macho y la batata/boniato) así que tenía que aplicar el sentido común en más de una ocasión: ¿un helado este día de verano? vale…¿helado de postre en mis comidas y helado para merendar? mejor no.

Sobre los rechazos puedo comentar que en el primer trimestre y al comienzo del segundo, en el que sentí varios días acidez o malestar (sensación de tener el estómago revuelto) y distensión abdominal o flatulencia, no me provocaba nada comer ciertos vegetales como el brócoli, coliflor, berenjena…prefería vegetales crudos y no en todas mis comidas por lo que comprendí que algunas semanas a las embarazadas les cueste cubrir las recomendaciones de frutas o verduras que en otros momentos nos resultan mucho más fáciles.

Casi todo el peso lo gané al inicio (comía porciones mayores de casi todo y no tenía mucho malestar) y pronto mi ropa habitual me dejó de servir. Mucha gente me dijo “Uy, si al final se gana más peso”, en mi caso no fue así y eso podría mostrar que cada experiencia es un mundo.

Comí casi todos los alimentos que me apetecieron, no tuve rechazos importantes y pese a lo que muchas personas me dijeron, no, no me provocó ni extrañé la carne en ningún momento y mis antojos nada tuvieron que ver con el grupo proteico precisamente.

El último trimestre apenas gané unos 2 kg. Y en total la ganancia de peso fue de 15-16 kg. lo que de acuerdo con las estimaciones que se sugieren en base a mi peso previo, fue adecuado, aunque estos valores pueden ser flexibles y será más importante evaluar a la persona como un todo y en su contexto más que los números de la báscula.

Nunca me preguntaron por mi tipo de dieta ni sentí la necesidad de comentarlo. Mis analíticas siempre salieron bien y mantuve mi suplementación con yodo + ácido fólico + vitamina B12 hasta el final, aunque ya a finales del segundo trimestre me recetaron hierro como preparación para el parto y me pareció oportuno seguir esta recomendación.

Ya en la recta final…

¿ESTAMOS EN 2019? Aún queda tanto por luchar…

Sobre mi experiencia con los profesionales de la salud, decir que pudo ser mejor.

Yo no conocía a ningún ginecólogo en Valencia ya que me había visto siempre en Caracas y había aprovechado los viajes a Venezuela para realizarme controles allí.

Tras pedir algunas referencias y haber consultado inicialmente (previo al embarazo para comenzar a buscarlo) con una Dra. que resultaba agradable al trato pero que comentaba bastante poco en las consultas que duraban 5 minutos (cosa habitual aquí en mi experiencia, por lo que veo difícil que se permita establecer una relación de confianza médico-paciente y aprovecho de dejar constancia que no culpo al profesional sino al sistema por esto) decidimos acudir, tras recibir buenas referencias, a la que, de ahora en adelante llamaremos con cariño la Dra. Brujilda.

La primera cita fue muy bien (por lo que comentaba, en 5 minutos) todo bien, todo muy cordial, pero las cosas cambiaron en la segunda cita ya que yo, que también debo decir que soy súper terca y con ideas algo fijas (que no significa que no pueda cambiarlas luego) tenía en mente que me gustaría probar otras formas de analgesia distintas a la epidural llegado el momento del parto. Habiendo padecido de dolores de vientre muy fuertes en la adolescencia pensaba que, tal vez, podría soportar el dolor o si llegado el momento éste me superaba me gustaría decidir y avisar yo si quería algo más fuerte. Primero vino la reacción ante mi pregunta de que ¿por qué quería saber esto?, que la epidural es muy buena y que “la vas a pedir porque todas la piden” y si no “el niño puede sufrir mucho y nacer deprimido y que no había necesidad de esto”…”que ella no me cortaría” (refiriéndose a la episiotomía) y que “no te voy a obligar a ponerte la epidural pero te lo voy a aconsejar porque LOS GRITITOS LOS LLEVAMOS FATAL y no nos gusta verlas sufrir”. En fin, que empezamos mal y salimos de allí un poco desconcertados. Yo, que no me sentía tan hormonal, aunque Max pueda decir lo contrario, lloré al salir, diciéndole que eso me mostraba que no sería escuchada y que iban a decidir por mí y eso me aterraba.

Más adelante hicimos una sesión de dudas con Gemma de Mujeres Sabias por recomendación de una familia encantadora que conozco de mis consultas y resonamos mucho más con lo que ella nos contó.

¿Qué tengo contra la epidural? Nada, de hecho yo la pedí y me pareció increíble que me permitiese vivir el momento sin sentir que me iba a morir por el dolor y no tuve ningún efecto secundario desagradable, pero no me parecía bien que tomasen esa decisión por mí desde el minuto 1. Yo quería sentir, saber cómo se sentía y allí decidir lo que quería hacer y por eso en mi plan de parto decía que no me la ofrecieran si no preguntaba y que estaba abierta a ponérmela si así lo consideraba.

Pues aunque me aconsejaron otros médicos, ya estábamos rondando la semana 26 o así cuando comentamos temas de anestesia y parto y pensamos “tal vez no vayamos a parir con ella sino que vayamos al hospital general y nos tocará otro doctor” y lo dejamos pasar (spoiler alert: ella atendió nuestro parto y pese a muchos reproches, le estaré agradecida por haber recibido a Olivia, porque teníamos cita 3 días después con la primera Dra. que nos vió pero no llegamos ya a tiempo).

Mención aparte merecen las matronas de la seguridad social que me atendieron, con quienes me fue muy bien y me sentí siempre muy a gusto, me vacunaron de tos ferina y me comentaron sobre la elaboración de mi plan de parto.

Avanzando en el embarazo todo fue bien pero llegada la semana 37 acudí con miedo a la consulta. Un amigo le había comentado a Max que tal vez en esa revisión me harían un tacto y yo (¿les dije que soy muy terca y me puedo poner “pesadita” con ciertos temas a veces?) leí que no es necesario realizar un tacto si todo va marchando bien y que puede resultar molesto, que da poca información de utilidad porque si te dice que estás de 1 cm, puedes permanecer así varios días e incluso semanas o si te dice que el proceso no ha empezado, puede que empiece horas después, así que no suele dar información demasiado útil y, además, para empeorar esto leí historias de terror de madres que contaban que durante el tacto les habían realizado la Maniobra de Hamilton sin su consentimiento, por lo que cuando llegamos a la revisión y la enfermera me dice que me ponga la bata para la evaluación, le comento que quería hablar con la Dra porque preferiría no realizar tactos hasta, si fuera posible, el momento del parto. Pues la enfermera se lo comentó y ya entró la Dra. Brujilda regañando y diciendo que “hoy te lo voy a pasar pero la próxima vez te lo voy a hacer sí o sí” y que si “has leído esto, pues puedes parir con el libro”, en fin que a salir otra vez llorando de impotencia porque muy triste todo, tal vez pudo conversarlo conmigo para abordar mis miedo pero prefirió tomar esta vía. No me imagino diciendo a un paciente que si ha leído que este tipo de dieta le puede servir para x condición de su peque pues que lo trate el libro (incluso aunque pudiese pensarlo en alguna oportunidad tras comentarios sobre Dr. Google, no lo diría porque entiendo como parte de mi trabajo explicar estas cosas), pero en fin…Ya en la recta final pedimos cita con otros Dres. pero esto sucedió un viernes y ese domingo comenzamos el trabajo de parto así que no dio tiempo para más. 

La sesión con Gemma me ayudó mucho a crear mi plan de parto, que se quedó en el bolso y ni lo miraron ni me preguntaron más allá de un “¿vas a querer hacer piel con piel, lactancia y todo el pack?”, a lo que asentí y ya, eso fue todo. Sin embargo creo que es muy importante que este documento se siga poniendo en valor ya que plasma los deseos de quienes deberían ser realmente protagonistas del parto: las mujeres que van a parir…pero queda aún mucho camino por delante.

No les cuento más porque no hicimos mucho más tampoco. En el curso de preparación al parto al que asistimos (el de Gemma lucía genial pero nos pillaba lejos, chocaba con nuestro horario laboral y yo trabajé hasta 2 días antes de parir), nos soltaron perlas como que “antes se podía beber alcohol y fumar” y que la Dra. que estaba dando la charla “tomó vino y tuvo 2 hijas como 2 troncos de altas”, que era broma pero que igual hoy en día la gente estaba muy loca y era muy extremista, diciendo también que “estamos en España, no en África y si la lactancia está siendo muy cansada pues se va a la farmacia a por fórmula, de modo que la madre no se deprima”…así que después de estas experiencias, no volvimos.

Sé que hay gente que ha tenido experiencias maravillosas o mucho peores pero esto fue lo que vivimos nosotros en el año 2019, que me parecía a ratos el año 1989.

Ya en las semanas finales me sentía muy cansada y, aunque ya no quería hacer mucho más, seguí inventando hasta el final. El miércoles antes de que naciera Olivia, estábamos grabando Mujeres que Cuentan con el equipo de Eroski y recuerdo comentarles que vestirme era ya un suplicio, solo quería estar en pijama y descansar. 

CONSEJOS Y REFLEXIONES FINALES

Antes de contarles sobre mi parto (en un nuevo post que este ya está siendo largo) dejo algunas de las cosas que me resultaron muy útiles:

  • Leer Mamá Come Sano y Maternidad a Flor de Piel. 
  • Leer blogs y cuentas en redes como @actualidadmatrona, @mommy.labornurse, @gassandair entre muchas otras.
  • Apps como What to Expect: Pregnancy Baby Tracker (hay muchísimas más) para seguir el crecimiento del bebé.
  • En cuanto a la ropa, un par de leggins negros, un pantalón holgado negro, un blue jean de maternidad y un par de bermudas de maternidad, fueron posiblemente las prendas que más utilicé, además de los sostenes/sujetadores de lactancia que utilicé desde el tercer trimestre. Seguro algunas personas, como mi prima, dirán que no va con ella porque prefería vestidos y prendas más sueltas, pero a mí los vestidos en verano no me resultaron porque me rozaban los muslos y con el calor se me irritaban por lo que tenía que untarme crema e igual prefería los pantalones.
  • Un par de almohadas extras para entre las piernas al final del embarazo.
  • Practicar pilates para embarazadas y caminar mucho. 
  • Pelota de ejercicio, nosotros tenemos esta (y aún seguimos utilizándola mucho para dormir a Olivia).
  • Crema hidratante para el pecho y la barriga que pueden sentirse tirantes o con picor a medida que la piel se expande (yo utilicé esta).

Y resumiendo los 9 meses de embarazo diría que lo que más me gustó y seguro extrañaré sería:

  • Los movimientos de Olivia y sentirla cuando tenía hipo o cuando le hablábamos y no paraba de bailar.
  • La ilusión de pensar en conocerla en cada eco.
  • Las siestas reparadoras y dormir sin pensar en nada ni nadie más.

Lo que menos disfruté y no extrañaré:

  • La falta de empatía de los profesionales de salud + la sensación de estar en sus manos sin sentirme escuchada ni respetada.
  • El miedo a cómo iría todo desde ver el positivo en la primera prueba.
  • La sensación de pesadez y falta de aire que me obligaban a bajar el ritmo.

Y, como esto sigue siendo un blog de nutrición, no me despido sin dejarles algunos recursos interesantes sobre la nutrición en esta etapa:

Si echan en falta alguno más, déjenlo en comentarios y así lo podré ir editando.

Gracias por leerme 😀 Ahora a aprovechar las siestas de Olivia para seguir escribiendo sobre el parto 😉